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Cuantiosas memorias
Incontables memorias agradables de nuestra vida nacieron en nuestro ambiente familiar, nuestros padres, familiares, amistades y su rutina de vida, ceñidos de valores en su condición de pobreza y humildad. El estilo de vida simple, de años pasados, días rezagados. Donde cada quien tenia un oficio, no una profesión. Analfabetos con más educación que un elegante profesional, modistas y sastres, fritureras y cocineros. Marchantas y barrenderos, albañil, carpintero, zapatero, herrero, soldador. Agricultor, ordeñador, arador. Cartero, tributario, chofer, masajeador…Curandero, yerbero, santero y ensalmador. Yolero, pescador, tejedor de tramayo. Ebanista, sepulturero. Dulcera y heladera. Sirvienta, lavandera, planchadora… Necesidades de la gente del municipio, según prosperaba, cada quien se creaba un oficio por necesidad, para suplir con su mano de obra su sustento monetario y el desarrollo de su pueblo.
Una casita parada con cuatro palitos y unas yaguas, un fogón, una letrina y un pozo. Una casita de tablas separada por cortinas. Una con fachada de concreto, techo de cinc y paredes de blocks sin empañetar y unos bloquecitos calados para refrescar la terraza o la galería. No se necesitaban aceras ni pavimento en las calles, pedregal de cascajo, se enchumbaba con cualquier aguacerito. Escobas de ramos silvestres, barrían un piso liso de tierra, rociándole agua para aplacar el polvo.
El tizne de los calderos sazonaba la comida, leche ahumada, chocolate con pan, arepa con aguacate. Yuca sancochada con un jarro de café. Un ponche cibaeño con “huevos de pato”, una malta alemana con leche condensada, vino tinto y huevo. Rábano, berro, cebolla y miel de abeja. Leche tibia con aceite de higuereta, meltiolé pa’ las ñañaras, creolina pa’ los parásitos, sebo de flande, alcanfor. Remedios caseros. Un jabón salvavidas y un kinder pa’ desrizado. Peine caliente, rolos y secador.
Carretas de marchantes, coches con caballo. Herraduras, silla de montar, suela y hebillas.
Sombrillas pal’ sol y paraguas pa’ los aguaceros. Chancletas de goma, zapatillas de tiritos, patas cenizas.
Piedrecitas le decían a las doncellas quien moría por ellas, cartas en sobres sellados solo escrito por fuera “en sus manos” el destinatario recibía una misiva con toda confianza. Secretos que se iban a la tumba. Honor que se guardaba. Con escrúpulos se levantaba y se dormía.
Una parte del pueblo era pa’ los borrachones y sinvergüenzas. Cabareces, barras, bocas rojas y catres de alquiler. Bachatas que iba y venia su resonancia confundida con el rocío de la madrugada. Discotecas; amanecidas en las calles chimichurri o frituras a las tres de la mañana.
Un día de playa no se planeaba, cada quien agarraba un tubo de goma, un pantalón corto un poloché y se iba un grupo en la cola de un jeep o en la cama de una camioneta. Yaniqueques, agua de coco, pescado frito y cerveza que ajumaba cuando el sol de las dos de la tarde calentaba las sienes. Embriagado con un pote de ron que flotaba entre el viene y va de las olas yacía algún beodo, en la cálida arena, su cara lamida por algún viralata con las costillas a flor de piel.
Dormiditas en la tardecita, se despertaba besando la mano creyendo que era el otro día.
Las suelas de los zapatos se gastaban, las tapitas de los tacos se rullían. Caminatas que eran inevitables y disfrutadas. Saludos ¡abur abur!, ¡pase buenas tardes!...
Radito de pila y lamparita jumeadora, compañía en una hamaca de un solitario peón. Sacos en una esquina de un zaguán abergaban a otros encima de las herramientas. Pago por un día de labriego. Cantos engalanaban los canteros, décimas acortaban la faena con su admirable coherencia. Sumidos en su pobreza y acaudalados del alma.
A veces creo que ese, fué mi mejor tiempo, tantas vivencias agradables, cimentadas y plasmadas en mis pupilas, viviendo allá, en esa palabra; “pasado”…
El tiempo se va y no vuelve, pero en las buenas memorias el tiempo prevalece…
Para los arcaicos como yo:
“tengo mas años de vida por dentro
que los que por mi piel revelo”…
“Aunque estemos arrugaditos por fuera,
con una plancha de carbón de recuerdos; todo se alisa.”
Y de todo esto lo bueno es que:
“Recordar no cuesta ni un chele”
Esmirna Rivas ©2009
*comentarios: Esmirna@dominicanflave.com
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