Una escoba hecha de ramos del monte, levantaba el polvo de sus esperanzas, sus canillitas cenizas, pelo maltratado por la tierra arcillosa del arroyo, agua donde bañaba su cuerpecito de niña descuidada. Piel canela, con una que otra ñañarita o picada de mosquito, un vestidito estampado de flores, descosido y su ruedo roto, chancletitas de goma, pisa mierdas como las nombraban. Su atuendo junto a la estampa, atrapaba su silueta barriendo las ultimas horas del crepúsculo, perdida en su mente infantil rodeada de cual sinfonía. Ruiseñores, pajaritos del campo, buscando donde guarecerse. Gallinas, guineas, gallos, pollitos y pollonas alguno que otro encaramándose en las alturas de los rejones, o de alguna rama o palo alto para pasar la noche.
Escoba va, escoba viene! El polvo nublaba su espacio, ella se perdía en esa nube aunque su nariz se llenara de cochambre. Tierra, la que tanto habían cuidando su familia por generaciones, arando, sembrando, cosechando, frutas, vegetales y legumbres las cuales eran su sustento junto a la cría de aves el ordeño de las vacas, la cría de puercos. Corrales rodeaban el humilde y colorido bohío, cruza burros o trancas, unos cuantos marcaban entrada y salida, en la parcela. Brisa traicionera, en sus vendavales cargaba consigo los olores y tufos que el campo poseía.
Los víveres de la cena ya hervían en el fogón. Alguno que otro cachimbo y hasta la letrina danzaba en la cofradía del viento, árboles preñados de hojas y frutos bailaban en el santiamén del atardecer. El ave maría y las rezadoras se escapaban en las ondas del radito de pila, aunados en la carnavalesca diaria rutina.
Escoba va, escoba viene! Rebuznaba el burro, bramidos del toro, cantaba el gallo, la vaca reprochaba: Muuuuuucha algarabía pa’ terminar un día!. Ella, con su escoba barriendo ilusiones aun perdida en ese mundo mágico de la vida campesina, le dió riendas sueltas una y mil veces a su imaginación, perdida en la nube de sueños donde realizaría su vida; con lápiz y papel esta estampa atraparía en sus memorias, luego las plasmaría de vibrantes colores en sus pinceladas.
Esmirna Rivas Tejeda ©2011
EL CONUCO
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