Temblando y asustado caminaba toño entre el monte. Iluminado con el esplendor de la luna.
-“Dejé que me agarrara la noche andando en este campo”.
Siguió su caminata con su andullo encendido.
En las lomas se reflejaba el plateado de la luna, entre las rendijas de los árboles se colaba la luz.
Toño seguía con apuro caminando sancaneando para que los pasos se alargaran. La cabeza erguida como gallo embravecido.
Seguía su recorrido alerta, su machete lo agarraba todavía en su vaina por si acaso tenia que jalarlo .Más alerta que una cuyaya. Seguía su caminata. Las nimitas se veían como estrellas voladoras. El camino rustico y tambaleante que tenia que saber donde tiraba el otro pie.
-“Poi no llevaime de mi taita, me cogió la noche, ya si me sale ei diantre me entierran mañana, ete caminito ya lo tengo que dejai a vei si es veidad que a mi bohío voy a llegai.”
Se colaba la luz de la luna entre los ramos de los árboles, seguía su marcha. Con los ojos brotados buscando la claridad que lo siguiera guiando.
De repente gritó:
-¿A vei quién e uté?
Aquello no le contestaba estaba paralizado esperando que el más se le acercara.
-“te toy hablando canto de arao”
No quitaba la mano del mango de su colín.
-“Mire uté si hombre buca aquí lo jalló”.
Seguía hablando solo:
-“A mi uté no me va a epantai, uté se equivoco”.
Jaló su machete de repente, se reflejo el plateado de la luna en su filo.
Toño sudando hasta las verijas, se armaba de valor.
_”A mi uté ni me epanta ni me julle”.
Tiró a la derecha, tiró a la izquierda su machete. Lo golpeó y siguió golpeando aquello que inmóvil no se defendía.
Descargó todo su miedo y su cobardía en su machete.
Entre la poca luz del monte más adentro, salió juyendo por lo que había cometido.
Ya llegaba a su choza en la que se reflejaba la luz de la luna en el techo de cana Entró silencioso, tembloroso y asustado.
-“Poi pendejo, poi pendejo; maté a un hombre poi pendejo.”
Se metió en su catre, engurruñado y rabioso.
La culpa no lo dejaba.
-“Poi no llevaime de mi taita maté a un hombre”.
Ya llegaba la luz del alba, se paso lo que restó de la noche, culpándose por lo que hizo. Los gallos comenzaron a cantar ya no pudo más. Oía los sonidos de su taita que ya se había levantado.
-“Bendición”.
Pidió su bendición a su padre.
Con la mirada de un huraño el taita se volvió a verlo.
Con su cachimbo encendido y su jarro de café. Lo miraba con extrañeza.
-¿Toño que te paso mi jijo? Le pregunto su padre.
-¡Taita, Taita!
-‘Máteme, que lo que he hecho no tiene perdón.”
-“Por pendejo, por pendejo”. Volvía y se regañaba.
-¿Qué hiciste?
-“Ay taita se me hizo taide y no le hice caso a uté, no buqué posada en otro lao y quise vení pa’ mi casa anoche, ¿Por qué no le hice caso?
-¡Mira muchacho de la porra! Ai monte de noche hay que repetailo”.
- ¿Quién te salió?
Los cuentos de los misterios del monte, de los bacá y de sabe que cuantas cosas mas raras que aparecían pasaron por la cabeza del taita.
-“Poi pendejo, poi pendejo”.
Seguia repitiendo toño asustado y cabizbajo.
-¡A vei! Le dijo el taita.
Comenzó toño a narrar su recorrido.
-“Yo venia caminando entre ei monte con mi andullo, haciéndome ei valiente poi no ecuchailo a uté. Me salio un hombre y no me quiso repondei, le caí a machetazo y lo maté.”
El Taita se le pusieron los ojos grandes, su cachimbo se le cayó.
-“Poi pendejo, poi pendejo”. Le gritó el Taita.
-¿Adonde déjate ei cueipo hay que ilo a bucai?
Sancaneando entre el monte con la luz dorada del sol que iluminaba hasta las piedras del camino. Partieron los dos al lugar donde el hecho había ocurrido.
Enojado el taita le gritaba a Toño.
-¿Dónde ta ei mueito?
-“Poi aquí, poi aquí”.
Respondía Toño dando vueltas azorado que ni sangre había.
El Taita se quedó parado observando a Toño dando vueltas y vueltas y buscando entre el espesor de la maleza al supuesto cadáver.
De pronto Toño se dió cuenta que el Taita se quedaba mirándolo fijo.
-¿Taita y poique me mira uté así? Le pregunto toño.
El taita con su mirada lo dirigió a su victima.
“Una yagua despedazada a puro machetazo”.
Toño miró al Taita con ganas de meterse la cabeza entre las piernas de la vergüenza que había pasado.
El Taita lo miraba con ojos de ternura. Y comenzó a decirle:
-“Ei monte de noche hay que repetailo, cuando ei diablo no te sale, ei que tu lleva dentro ei que te asusta.”
Toño miraba a su Taita con ojos de de burro descargado.
-“Poi pendejo mate la yagua creyendo que era un hombre,
Poi no repetai a mi Taita y ai monte de noche”.
Esmirna Rivas © 2005
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