ESTAMPAS DOMINICANAS>
El Gallo Giro

-“Aguaite uté, mire lo que me he encontrao”.

 Le decía Agapito a su compadre Macario mientras se guarecía en la enramada del sol ardiente y rabioso del mediodía cuando el “diantre andaba suelto” como decía la gente en el campo.

 

Había encontrado un gallo giro con sus espuelas puntiagudas, sangre caliente, afeitado y listo para pelear.

Macario lo miró con asombro al ver semejante ejemplar tan bien cuidado y suelto porque en aquellos lares cada quien guardaba sus animales en sus rejones y corrales.

 

-“Esta bonito y fuerte a alguien se le escapo” Exclamo Macario.

 

Salieron los dos como gente cumplidora a averiguar entre los colindantes que vivían cerca de la loma de quien era aquel gallo giro que se andaba brincando de palizá en palizá.

Subiendo y bajando entre los cerros y sabanas, les agarró la prima noche peguntando en cada bohío de esos linderos de:

 

¿Quién era el gallo giro?

 

Agapito y Macario decidieron volver a sus casas ya les caía la noche encima, el cielo con sus nubes blancas dispersas se iba tornando rojo, anaranjado como si estuviera prendido en llamas. Se sintieron un poco cobardes al recordar los dichos del campo que cuando estaba así era “cuando los muertos comían”.

 

Aceleraban poco a poco mas su paso antes que la claridad se desvaneciera en el espesor de los matorrales.

 

Se despidieron y llegó cada uno a su bohío. Agapito volvió a lo suyo mientras esperaba la cena que su mujer le preparaba.

 

Amarró al gallo giro de una pata con una soguita de cáñamo para que ahí pasara la noche a ver si aparecía su dueño.

Se sentó cerca del gallo y quiso perderse en el humo de su cachimbo.

 

Miraba al gallo que ni los jejenes se le acercaban. Metido en su humo hacia remembranzas, miraba en las humaradas su gente difunta que el olor del tabaco quemado le traía sus recuerdos. 

 

Los grillos cantaban constantes, los macos intermitentes, el sonido mudo de la noche que a veces atemorizaba con su silencio. Tranquilo, sereno.

 

-“Guau, guau”. Ladró el gallo como un perro.

 

Agapito azorado y asustado sintió el miedo entrarle en los pies, en las entrañas, en el cuerpo saltó como loco.

 

-“Un bacá, un bacá”.

 

El gallo se quedaba inmóvil mirándolo fijamente. De repente se convirtió en perro, en burro, en caballo, y salió corriendo al monte oscuro.

 

-“Que tonto he sido”. Se decía Agapito más enojado que asustado.

 

-“Si me hubiera quedado con el gallo giro cuando lo encontré tendría riquezas en mi botijuela.”

 

Se repetía y repetía el pobre Agapito al ver su futuro irse corriendo en el monte.

 

Esmirna Rivas © 2005

 

Comentarios: mailto:esmirna@dominicanflave.com

 

Esmirna Rivas

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