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ESTAMPAS DOMINICANAS>
El Catre
Me caí del catre desorientada y asustada.
No era mi cama. No era mi casa.
El techo de zinc se le colaba el frío, las gotas de agua se formaban de tan condensado que estaba.
Llegaba un olor a leña, a campo, a café, a tabaco. El sonido de los gallos, las vacas rumiando, el burro rebuznando y el caballo relinchó. Otro día llegó y yo amanecí en un catre.
Entre dormida y despierta tropecé, me caí de nuevo en el piso de cemento liso y frío.
¡Que sorpresa me llevé!
Papi acostado boca arriba en el piso frío y yo en el catre.
No había mucha claridad, una linterna amarilla pegada de su cabeza encendida parece que se había quedado.
Papi se dió cuenta cuando del catre me caí. Se hizo el dormido mirándome de reojo .Llegaron a mi mente los pensamientos del día antes.
-“Estoy en el campo en la casa de abuela.”
Como Papi tenia siembra me había llevado con el del pueblo. Ya no sentí más miedo porque me caí del catre y me desperté en otra casa. Recordé que tuve miedo porque estaba oscuro y papi dejo la linterna encendida hasta que me durmiera.
Retozón y alegre me espantó, sabiendo como me había dormido en la noche. Fui hacia él, lo abrasé.
Nos levantamos. Abuela ya me esperaba con batatas azadas y un jarro de leche hervida. Pasó la mañana, Papi se fué al conuco. Desde la cocina allá al fondo lo veía a él y otros más.
Disfrutaba el olor a leña, al pavo que abuela tenia amarrado para que no me picara. A la gata amarilla Angora que parecía un perro de tan grande que era. El fogón encendido con una estillita de cuaba desde el amanecer.
Abuela me llevaba detrás de ella en todo lo que hacía. Pero yo quería estar con Papi.
Me paré en el umbral de la puerta y comencé a llamarlo:
-“Papi, papi ven a decirte una cosa”.
Retumbaba mi voz allá en la loma.
-“Papi, papi ven a decirte una cosa”.
Levantó su cabeza cuando me oyó.
-¿Dime que tu quieres? Me respondió.
-“Papi yo quiero darte un besito”.
Desde allá vino y dejo su asá, vino caminando entre los canteros, sonriéndose con los ojos aguados. Yo lo miraba con mis pequeños ojos como se venia acercando. Me levantó entre sus brazos para que le diera su besito.
Paso el día entre cuentos y recojedera porque llegaba la noche.
De nuevo amanecí en el catre.
Esmirna Rivas ©2005
Comentarios: mailto:esmirna@dominicanflave.com

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