10:22 PM -
A las siete de la noche, más o menos, era la hora para que el novio visitara a su novia para “comer gallina”, expresión utilizada para describir el espacio de tiempo en que las parejas enamoradas conversaban en la sala del hogar y se daban un par de besos, si la madre les daba chance. Cuando los padres no estaban en la casa dejaban un sustituto que era una hermanita o una tía. Eso sí, a las diez de la noche era la hora pico para despedirse.
Siempre la madre tomaba por excusa bordar o tejer en una mecedora, con sus lentes a mitad de la nariz y mirando por encima de ellos para “por si acaso….” El novio siempre se sentaba en un sitio fijo, desgastando la colcha-espuma del sofá, situación esta que no le gustaba a los familiares, porque muchas veces duraban de amores dos o tres años, terminaban y lo único que el novio dejaba de recuerdo era el hoyo en el asiento, pero había que aceptarle el noviazgo a la muchacha porque no la dejaban salir.
Cuando los pretendientes de mis hermanas llegaban a mi casa mi madre, que en paz descanse, me decía que me fuera a la sala sin decirme el motivo y lo hice hasta un día que puse la mecedora donde estaba sentada, de espaldas, porque sentí que no era bienvenida, además de que ellos me halagaban con un helado o un dulce para mantenerse “fríos” conmigo.
La única esperanza de sentirse libre y sin presión en esos tiempos era la fiestecita del vecindario o en los clubes sociales de los pueblos y muchas veces se asistía con chaperona.
Una noche tuve que ir obligada a Helados Capri en la calle Arzobispo Nouel, para hacerle compañía a mi hermana Carmen y tuve tanta rabia porque no tenía deseos de salir, y quien “pagó” la culpa y el helado fue su novio: pedí el helado más caro que había, creo que fue una casatta o un diplomático y cuando llegamos a la casa mi hermana se puso a darle querella a mamá porque él no contaba con mi compañía y no tenía suficiente dinero.
Quizás por lo dicho anterior era el motivo de que las parejas se desesperaban: o se iban "por las palmas”, se casaban con velo y corona o salían embarazadas en sus casas. No tenían chance ni de darse un besito. En estos tiempos parece que la relación de pareja es algo normal y ya no comen gallina, comen pavo, guinea, avestruz y hay menos matrimonios, porque existe menos responsabilidad, cada cual en su casa y viven un noviazgo eterno sin compromisos, pero emocionalmente pobre de afectos. Además, nosotras enseñamos tanto, la moda está tan y tan descubierta que al hombre no le da sorpresa nada, todo se enseña, existe un desespero por mostrar lo que tenemos y si no tenemos hacemos lo imposible por ponernos “alguito” para llamar la atención y estar “interesantes” y al tener la estima en el suelo competimos con nosotras mismas y lo que nos llevamos son frustraciones, porque no pensamos en nuestra belleza interior, que no se ve pero se siente.
Hasta el otro año!!!!!!!
Email:xiomaritabrinca@hotmail.com
Autor:
Xiomarita Pérez