
Para cocinar tienes que sazonar tu corazón
La base principal de cualquier vocación son: el aprendizaje y la práctica.
Cuando se cocina con: pasión, amor e inspiración. Los platos son más elaborados, mejor saboreados e inculcan buenos recuerdos. Muchas mencionamos a nuestras abuelas como dechado de generaciones, por las delicias que preparaban para alimentar la familia. La habilidad, la sutileza y el amor que impregnaban en sus cocinas campestres, donde el humo de la leña, el tizne del fogón, y el calor de sus calderos, sazonaban sus memorias y creaban nuevas tradiciones en sus cocinas. Matriarcas sin títulos, ni apellidos de nomenclatura, humildes en sus condiciones monetarias, pero millonarias en respeto y admiración por su comunidad y sus familias. “Ese tiempo ya pasó de moda”-decimos algunas de las que hemos crecido en esta sociedad moderna. Las que tuvimos el privilegio de tener, las influencias de nuestras abuelas en nuestra educación, poseemos un tesoro de conocimiento que somos responsables de transmitir principalmente en nuestras hijas, que serán las formadoras de nuestra futura prole de nietos.
Algunas mujeres también crecimos rodeadas de nuestras tías y madres que trabajaban fuera de la casa. En mi caso, mi mamá maestra por 30 años, aun así aprendí, y todavía sigo aprendiendo mucho de ella. Parte de mi educación la atesoré con la bendición de tener mis abuelitas cerca. Mi abuela paterna me enviaba batatas azadas con uno de mis primos, que traía la leche en el bidón en las arganas del burro al pueblo.. Mí abuela materna, me hacia dulce de guayaba. Eterno seria contar tantos valiosos recuerdos. Yo madre trabajadora por muchos años en restaurantes, sentía un peso de culpa por no dedicarle suficiente tiempo a mis hijas, gracias a Dios por haberme provisto la bendición de estar con ellas lo mas posible, en estos últimos años. Como madre ha sido la mejor inversión de mi tiempo, he crecido con ellas emocionalmente, en su educación escolar y su formación como mujercitas.
Nosotras madres, somos responsables en educar y formar buenas personas, ese siempre ha sido nuestro propósito desde la creación. Envuelve a tus hijas en el proceso de sazonar las carnes, preparar las ensaladas, hacer unos tostones, limpiar el arroz u otras actividades que incluyan su alimentación, háblales de tus memorias acerca del plato que estés preparando, secretéales al oído tus secretitos de cocina y le dices que no lo compartan, para que sientan que son especiales. Enséñales a tus hijos a ser independientes, y a utilizar las buenas cualidades que les has inculcado en su corazón. El tiempo es oro, si aprovechas al máximo su calidad, aunque trabajes. Inspírate y lleva tu mente mas allá de tus hijos. Piensa que un día te mencionarán como la abuelita dulce o regañosa.
Cultiva las memorias positivas alrededor de las comidas que puedas crear. Nunca es tarde para empezar una nueva tradición. Pero hazlo con ahínco desde el centro de tu corazón, y pide ayuda al único ser creador e inspirador de los más puros sentimientos del alma. Y cocínalos en tu fogón.
Esmirna Rivas Tejeda ©2009
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