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¿Por Amor o por Mi Sazón?
¿Como se atrapa el corazón de un hombre? Dicen: “por la cocina”. Algo muy cierto y comprobado por muchas mujeres que los hemos atrapado con nuestro sazón.
Otros ya vienen con un paladar acostumbrado con la sazón de sus madres, el cual esperan encontrar en su esposa buenas cocineras y le complazcan todos sus caprichitos.
Otros son emigrantes, apegados a los sabores de su tierra, y se casan con extranjeras y extranjeros que no tienen la misma cultura culinaria, con que ellos fueron criados, y se atormentan indagando sus sabores añorados en restaurantes, o sazonando sus platos favoritos para complacer a sus parejas.
Otras nos casamos con hombres de nuestra tierra con todas sus mañas y antojitos. Por complacerlos le cocinamos todo los que los lleve de nuevo al cordón umbilical con que fueron criados. Otros han sido hijos de mujeres profesionales que no estuvieron en la casa para criarlos, y las personas del servicio o cocineras se encargaron de sus comidas. Otras los hemos entrenado a saborear nuestra sazón a costa de pleitos con la suegra.
“Si Cocinas como caminas, yo me como el pegao (concón)” como dicen ellos en su enamoramiento, el cual a veces se desvanece cuando el atavío y la vanidad de la mujer no les permite meterse en una cocina para no ajar su escultural belleza. “Como el amor entra por los ojos también como por la boca”. Comer en la calle es lo que les queda.
Otras mujeres son trabajadoras, padre y madre para sus hijos los cuales también al tener doble trabajo y doble responsabilidad les priva de darse el lujo de estar a las horas de las comidas igual que muchos hombres trabajadores. El sentarse como familia, el momento más importante del día, se ha perdido poco a poco la costumbre, por los horarios y los compromisos laborales de muchos esclavizados y atrapados de sus bienes, en una civilización donde no nos alcanzan las horas del día para realizar todas las actividades, y aún más en competencia con la tecnología, la cual es ventajosa muchas veces cuando los microondas y los alimentos congelad os y la comida rápida o chatarra llenan un “estómago sin paladar”.
La felicidad es un estado mental es una de sus descripciones y es real cuando uno se sienta frente a un plato de arroz y habichuelas y un guineo maduro, un mangú con salami o longaniza, berenjenas guisadas con coco, unos pastelitos y quipes, yuca encebollada con aguacate, un plato de sancocho, mondongo o cocido, para mencionar algunos…. Un buen moro de guandules y habichuelas, un locrio de arenque o de pollo. No hay mejor felicidad cuando un “dominicano de pura cepa” se sienta a degustar los sabores de su tierra y más cuando el postre se lo sirve la que le hace el concón.
Entonces ¿es por mi sazón?...
Esmirna Rivas © 2008

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