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Hay un recóndito lugar que parece un paraíso; Lo atraviesan torrentes de miel y lo baña bravío y espumoso oleaje de mar de cristalina sal.
Densas nubes de algodón resguardan su geografía y a lo largo de su extensión la vida discurre a la sombra de cocoteros, cimbreantes palmas reales y un abigarrado océano vegetal, con destellos de arco iris en flor.
Tierra de increíbles contrastes, de sabanas dilatadas, escarpadas serranías, ensoñadores valles y acogedores paisajes costeros de finísima arena blanca de belleza sin igual.
Con campos, pueblos y ciudades donde vive gente hospitalaria y buena, que da comida y cobijo a aquel que lo necesite, sin esperar nada a cambio. Gente honesta, valiente y trabajadora, de exuberantes mujeres que hechizan con su sola presencia y obligan a volver la vista a aquel que a su paso encuentran.
Tierra bañada de heroísmo, con un aleccionador historial que sirve de ejemplo a las generaciones emergentes para valorar y sostener el heredado presente.
Tierra bendecida por Dios, pletórica de vigor y dinamismo y una inmensa alegría de vivir que brota a cada instante, en la sonrisa de un niño, en el cantar de las aves y en la sublime belleza de una flor recién abierta.
Esa tierra, es mi tierra y es tu tierra. La veo a cada paso, en la cálida acogida y el abrazo fraterno de un compueblano, en el ritmo y la cadencia de una fiesta popular, en la decidida y emprendedora acción del obrero, del artista, el deportista o el profesional; La veo en la nobleza de cada hombre o mujer que dispone sus esfuerzos por mantener una vida digna y responsable, honrando así a su familia.
Esa tierra, es mi tierra y es tu tierra. En su seno se conjuga una Trilogía de Colores y un Escudo que llevamos muy adentro y que brotan a cada instante, ante el más ligero esbozo o mención de nuestras raíces y orígenes, con un orgullo y altivez que se nos escapa a raudales.
Esa tierra, es mi tierra y es tu tierra. Y sufrimos por ella y lloramos con ella, cuando un hermano padece el golpeo del hambre, el discrimen o la represión. O cuando un mal hijo la deshonra y enloda nuestra bandera en suelo extraño.
Y damos un paso al frente, con gallardía y sin vacilación, cuando el toque de la Diana nos reclama enfrentar al vil tirano, al traidor o al detractor que mancilla la dignidad de nuestro amado terruño.
… es tu tierra, es mi tierra: Nuestra tierra.
Dominicana, Quisqueya, la Patria de mis amores!!
Autor: Sergio Reyes ll ©2009
*Comentarios: sergioreyII@hotmail.com
09/09/’09; 9: 00 p.m.; NYC.
Sergio Reyes II
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